[NOTA 1: Quiero dedicarle este capítulo, que publico con un ligerísimo retraso, a Vichom, que cumple años hoy.
NOTA 2: El sueño terminó.
NOTA 3: Si les gustan los juegos de pelea, les recomiendo ir acá.]
Al finalizar la reunión, Frida Von Papen se levantó y les abrió la puerta a los Mortífagos para que salieran de su oficina. Los magos avanzaron a través del pasillo, descendieron por la escalera un piso, y luego entraron al dormitorio de Justinian Nott, que éste había agrandado mágicamente y al que había agregado algunas sillas. Ese era el lugar donde realizaban sus tertulias.
Apenas se hallaron en la privacidad de esa habitación, Nicholas Crabbe estalló.
-¡ESA TRAIDORA DE VON PAPEN! ¡Esa lesbiana repugnante! ¡¿Cómo se atrevió a hablarnos así?!
Si bien sus compañeros esperaban verlo enfadado, su comportamiento dejó a muchos realmente anonadados. Nott, un anciano alto, delgado y calvo, de rostro anguloso y ojos grises e inexpresivos, haciendo caso omiso de los gritos de su colega, se sentó en una silla y le dedicó una mirada helada.
-Siéntate, Crabbe.
-¡No, no pienso sentarme! ¡¿Acaso no se dan cuenta de lo que está pasando?! ¡Se están burlando de nosotros en nuestras caras! ¡Están alojando bajo nuestro mismo techo al hijo de Harry Potter, el asesino del Señor de las Tinieblas! ¡Y nosotros no hacemos nada!
-Exactamente, Crabbe, no hacemos nada -dijo Nott-. No lo hacemos ni lo haremos. A Albus Potter no se le tocará un pelo de su cabeza.
-¡¿Estás loco, Nott?! ¡Tienes la posibilidad de cobrar venganza por todos los años de exilio, ¿y no vas a aprovecharla?!
-Creo que eres tú el más ansioso de conseguir venganza -dijo Justinian quedamente.
-¡Pues claro que sí! ¡Si el Señor de las Tinieblas no hubiera muerto, no estaríamos aquí congelándonos y soportando la compañía de un montón de sangresucias y mestizos provenientes del culo de Europa! ¡De haber sabido que Durmstrang se había degradado tanto me hubiera ido a…!
-¡¿Adónde, Crabbe?! -exclamó Nott, perdiendo la paciencia por primera vez- ¡Vamos, dinos adónde hubieras ido! ¡¿Qué otro lugar hubiera sido apropiado para un mago tan exigente como tú?! ¡¿Qué otro lugar hubiera estado tan dispuestos a recibirnos, a alojarnos, a darnos una cama, un plato de comida y un techo sobre nuestras cabezas, sabiendo lo que somos?!
-¡Estando el hijo de Harry Potter aquí, prefiero vivir en Azkaban o en Nurmengard!
-¡Entonces vete con viento fresco! -gritó Nott.
-¡¿Por qué yo soy el que debe irse, Nott?! ¡¿Qué ha hecho el hijo de Potter, qué han hecho todos esos mocosos para que Von Papen les permita estar aquí?!
-Pues han conseguido hacer lo mismo que nosotros, Nicholas: escaparon del Ministerio de la Magia británico. Con la diferencia de que nosotros lo hicimos en un momento de caos y confusión, cuando el Señor de las Tinieblas acababa de morir y el otro bando acababa de tomar el poder, pero todavía no sabía manejar bien las riendas. En cambio estos chicos escaparon estando el país en un momento de tranquilidad y estando todos los hombres y recursos del Ministerio dedicados a atraparlos. Y mientras que nosotros aprovechamos la lentitud con que llegaban las noticias a Durmstrang para que Oblonsky nos diera asilo antes de que supiera que el Señor de las Tinieblas había muerto, ellos contactaron a Von Papen y deben haber llegado a un acuerdo con ella prácticamente de igual a igual. Von Papen está mucho mejor informada que Oblonsky acerca de lo que pasa en Europa, y es mucho menos… sentimental que él.
-No puedo creer que los estés elogiando.
-Simplemente enumero hechos, Crabbe.
-¡Pues a mí no me importa lo que hayan hecho, sino lo que son! ¡¿Piensas que dejaré al hijo de…?!
-¡¿Sabes?! ¡Es curioso que hables tanto del hijo de Harry Potter, y en toda esta charla no hayas mencionado a tu propio hijo, Crabbe! ¡¿Por qué no te atreves a decirlo?! ¡Quieres vengarte por la muerte de Vincent en la persona del hijo de Potter, ¿verdad?!
Crabbe se pasó nerviosamente la lengua por los labios, mientras todos los ojos de los Mortífagos, que se habían sentado para presenciar el enfrentamiento, se clavaban en él.
-Si vuelves a mencionarlo, te mato, Nott -dijo Crabbe, lanzándole una mirada feroz.
-Oh, veo que he tocado un punto débil, ¿no es cierto? -dijo Nott cruelmente- Pobre pequeño Vince, muerto por un Fuego Demoníaco que él mismo creó. Es imposible imaginarse la agonía de morir quemado vivo. Tu hijo debe haber gritado como una niña mientras las llamas lo devoraban…
-¡CÁLLATE! -gritó Crabbe, abalanzándose sobre Justinian. Pero el mago, con una agilidad impropia para sus años, se puso de pie y se apartó del camino de Crabbe, que lo embestía como un toro. El mago se enredó con la silla en donde Nott había estado sentado, y cayó al suelo. De inmediato, sintió la punta de la varita de Nott sobre su nuca.
-Escúchame bien, Crabbe -dijo Nott en un tono letalmente calmado-. No me importa una mierda la muerte de tu hijito. No me importa una mierda que le guardes rencor a Harry Potter y que asesinar a su hijo sea una forma retorcida de vengarte. No me importa una mierda lo que tú pienses, opines o sientas en este asunto. Lo que me importa es que me he acostumbrado a Durmstrang. Me gusta vivir aquí, en el frío, y soy demasiado viejo como para tener que buscarme otro hogar… pero no soy tan viejo como para permitir que un imbécil como tú me lo arrebate. Así que voy a darte dos opciones. O prestas un Juramento Inquebrantable aquí y ahora, prometiendo no hacerle daño a Albus Potter, o te mato aquí y ahora, hago desaparecer tu cuerpo y le digo a Von Papen que te fuiste del Instituto. ¡Decídelo ahora!
Nicholas Crabbe siguió en esa ridícula postura, con los ojos fijos en el suelo y las piernas entre las patas de la silla tumbada, durante lo que pareció una eternidad. Finalmente se volvió hacia Nott y asintió con la cabeza de muy mala gana.
-Ponte de rodillas -ordenó el anciano. Crabbe giró y logró ponerse en esa postura, frente a Nott-. Marbod, quiero que seas nuestro testigo -añadió Nott, dirigiéndose a Marbod Jugson. El Mortífago se puso de pie, se aproximó a sus colegas y sacó su varita. Nott y Crabbe unieron sus manos en la forma prescripta y Jugson les apuntó con la varita.
-¿Juras que no matarás a Albus Severus Potter? -dijo Nott pausadamente.
-Sí, lo juro.
Como era habitual, unas llamitas salieron de la punta de la varita de Jugson y se enroscaron en torno a las manos entrelazadas de Crabbe y Nott. Y por un efímero instante, en la mirada de Nicholas Crabbe hubo algo que no le gustó nada al viejo Justinian, pero que no pudo identificar.
***
Lily Luna Potter estaba desnuda, tendida en la cama, con las piernas abiertas y una sonrisa que decía más que mil palabras en sus labios. Agamenón Lestrange, también desnudo, avanzó hacia ella. Su pene era descomunal, y su rostro era distinto al de todos los días, con mejillas menos redondeadas. Sus ojos azules parecían resplandecer en la semioscuridad del cuarto, lo mismo que su cabello rubio. Lily, en cambio, estaba igual que siempre, salvo en la actitud desenfrenada.
-Te quiero. Dame duro, dame muy duro… -dijo Lily, y Agamenón obedeció. Estar dentro de Lily Potter era la mejor sensación de su vida, y el placer que él sentía era incrementado por el espectáculo de una Lily extasiada.
Su erección se mantuvo durante muchísimo tiempo, y el orgasmo llegó cuando Lily ya había tenido tres, simultáneamente con el cuarto. Al terminar, Agamenón se acostó boca arriba y Lily se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza sobre su musculoso pecho y diciendo:
-Te amo tanto…
La vívida fantasía terminó.
Agamenón se halló nuevamente en su cama, rodeado por las cortinas que había cerrado y el hechizo silenciador que había echado, y sin absolutamente nadie a su lado entre las sábanas. Su pene -mucho más pequeño que en su fantasía- estaba ablandándose, pero Agamenón seguía sintiendo la tibieza de las manchas de semen en su ropa interior.
Como siempre, el uso de las Fantasías Patentadas, el único producto de Sortilegios Weasley que él solía comprar, lo dejaba con una mezcla de satisfacción por la maravillosa experiencia de estar con Lily, y desasosiego por la imposibilidad de que esa experiencia tuviera lugar. Sobre todo ahora. Él había elegido su bando, un bando que si bien le generaba ciertas dudas morales, seguía convencido de que era el más justo y adecuado. Lily, en cambio, se había quedado con su padre.
Lily Luna Potter y su amiga Alcyone habían sido prácticamente las únicas personas en Gryffindor que lo habían tratado bien. Todos los chicos de su año lo detestaban, aunque el memorable incidente en su tercer año con Albus Potter los había obligado a dejar de atormentarlo, más por miedo que por un genuino aprecio hacia él.
Claro que también tenía su grupo de amigos de otras Casas, pero tener amigas en su propia Casa era mucho mejor, pues significaba cierto nivel de convivencia. Uno podía invitar amigos de otras Casas a la sala común de la suya, pero nunca eran del todo bien recibidos; los compañeros solían ser más comprensivos cuando se invitaba a parientes cercanos de otras Casas, pero no con los simples amigos. Sentían como si tuvieran un espía enemigo entre sus paredes, especialmente si era de una Casa rival.
La amistad de Alcyone y, sobre todo, de Lily, le había permitido no solo no sentirse tan solo en su Casa como se había sentido en su primer año, sino también gozar de cierta simpatía -o al menos tolerancia- de parte del numeroso clan Potter-Weasley que reinaba en Gryffindor.
Había sido recién en su cuarto año, en la fiesta del decimocuarto cumpleaños de su hermano Albus, que Agamenón había comenzado a enamorarse de Lily Potter. Pero su timidez era demasiado grande; era como una mano gigantesca que lo oprimía, que lo mantenía pegado al suelo. Así que por años se contentó con ser solo su amigo, viéndola tomar y dejar novios continuamente -así como coquetear de una forma más o menos inofensiva con Isaac Prewett- sin ser capaz de expresarle sus sentimientos.
Luego vino el asesinato de Hugo, el rescate de Albus y esa tremenda Nochevieja en la que su amigo rompió con su familia y abandonó el país. El momento en que tuvo que elegir entre quedarse con Harry Potter (y con Lily) o ir con Albus fue el más difícil de su existencia, al estar en conflicto dos cosas que él siempre había considerado sus mejores virtudes: sus valores, su sentido de lo que era correcto e incorrecto, y su amor por Lily. Había elegido lo primero, y todos los placeres del exilio dorado de los que había disfrutado en Francia no habían podido librarle del dolor que le causaba esa decisión. Las Fantasías Patentadas de George Weasley eran apenas un paliativo, un escape a un mundo donde la guerra no existía, donde Albus Potter no existía, donde Servilia Crouch no existía, donde él era apuesto, bien dotado y, sobre todo, tenía el valor suficiente de declararse a Lily… y la suerte de ser correspondido.
A Agamenón le gustaba emplear las Fantasías Patentadas por la mañana, después de que su compañero de habitación, Louis Rosier, se levantaba. Como no estaban sometidos al mismo régimen que los alumnos de Durmstrang, y dormían desde su tercer día en el Instituto en cuartos separados de los de ellos, podían darse el lujo de dormir hasta el mediodía. Sus clases con los profesores y con Von Papen eran nocturnas.
Agamenón abrió sus cortinas, salió de la cama y se dirigió al baño, donde se quitó los pijamas y el boxer y se dio una ducha para limpiarse del resultado de la Fantasía Patentada. Después de frotarse concienzudamente con el jabón y lavarse el cabello, salió del agua -tiritando por la deficiente calefacción del cuarto- y se vistió apresuradamente. Revisó su reloj y vio que faltaba poco para el almuerzo, por lo cual salió de la habitación y se internó en el oscuro pasillo que lo conducía al comedor.
En un punto del recorrido, el pasillo daba una vuelta, y desde allí debía caminar varios metros hasta la escalera que bajaba al comedor. Agamenón dio un par de pasos, y luego escuchó una respiración detrás suyo. Llevó la mano a su varita, pero no tardó en escuchar una profunda voz de hombre que decía “Desmaius”. El rayo hizo blanco en su espalda y todo se volvió negro.